Este reportaje fue publicado en la edición 249 de revista digital Acusub.
Para descargarla libremente: Acusub 249
En
este ambiente se movía el periodista francés Albert Londres, nacido en Vichy en 1884. Hombre de principios, fue
muy crítico con el colonialismo de la época y sus abusos, como las condenas a
trabajos forzados, que consideraba inhumanas. Sus textos siempre fueron
comprometidos, con un estilo irónico y mordaz; publicados como pequeños libros tuvieron mucho éxito y llegaron a causar efecto en algunas esferas de poder.
Siguiendo
sus investigaciones estuvo un año en Indochina, buscando información sobre la trata de blancas,
la esclavitud colonial y el tráfico de armas. Consiguió la suficiente como para crear un gran revuelo en París, y estaba amenazado de muerte. Volvía embarcado en el Georges Philippar cuando un extraño
incendio consumió el barco. Nunca se encontró su cuerpo ni sus documentos. 
Los
amigos que viajaban con él, a los que había entregado algunos papeles,
sobrevivieron al naufragio pero fallecieron en un extraño accidente del avión privado (enviado por el diario con el que colaboraba Londres) que los llevaba
de vuelta a París. Se habló de sabotaje, nunca quedó aclarado y al día de hoy
todavía hay investigadores buscando las
tramas de los grandes señores de la guerra….
Según
las tradiciones noruegas, el kraken
es un calamar o pulpo gigante que vive en las profundidades marinas y se entretiene apareciendo de súbito para
atrapar barcos enteros y llevárselos al fondo. Su nombre deriva de krake, del idioma escandinavo, que
significa enfermizo y retorcido. En alemán significa pulpo.
Como
todas las leyendas, en el fondo de ésta también hay un poso de realidad.
Existen calamares de dimensiones notables, algunos avistamientos aseguran que
sobrepasan los 30 metros, y se han encontrado tentáculos en los estómagos de
algunos cachalotes que coinciden con esas medidas.
El zoólogo norteamericano Addison Emery Verrill (1839- 1926) estudió en profundidad una
veintena de grandes cefalópodos que aparecieron varados en Terranova entre 1871
y 1876. Dejó anotado sobre el mayor de ellos: “sus ojos parecían tambores de 40 cm. de diámetro, su pico medía no
menos de 20 cm. de longitud y sus ventosas, seis centímetros. Pesaba cerca de
30 toneladas”.
En Ibiza, en mar abierto, frente la bahía de San
Miguel, hay un rincón profundo donde reposan dignamente los restos de un pecio
del que no se sabe el nombre. Eso no ha impedido que algunos congrios se
apropiaran del lugar y lo convirtieran en su resort de lujo, donde
habitan, pasean, buscan comida o simplemente viven.
Manel Royo visita la isla desde hace más de cuarenta años, ha buceado por todos sus rincones, realizado miles de fotografías y disfrutado de la
claridad increíble de sus aguas, mérito de las grandes praderas de posidonia
que también sirven de “parvulario” para muchas de las especies del lugar.

Corría el siglo XIX, Perú se había
independizado de España y ésta le reclamaba una ingente cantidad de dinero como
deudas de la colonia. Estalló la guerra y Chile intervino al lado de Perú.
Las
vicisitudes de la guerra llevaron al puerto chileno de Valparaíso a quedar
bloqueado por los barcos enemigos. Y las autoridades pidieron a la población
ideas para salir del bloqueo. 
De entre todos los inventos y soluciones que
se aportaron, ganó la de un barco submarino propuesta por un ciudadano alemán
llamado Flach.
En el muelle de Gotenhafen, a 10º bajo cero, se
agolpaban alrededor de 60.000 personas. La mayoría eran civiles desplazados y soldados
enfermos y débiles, puesto que los sanos y jóvenes habían sido trasladados al
frente. Entre los civiles había unos 4.000 niños.
Se
habilitaron todos los rincones posibles del barco, se drenaron las piscinas, se
sacaron los muebles, cualquier espacio en el que cupiera una persona fue
despojado de enseres.![]() |
| La cámara de ámbar que podría estar desmontada en la bodega |
Durante 333 años pasaron cientos de embarcaciones por encima de sus cuadernas,
hasta que Andreas Franzen, un sueco enamorado de los barcos hundidos,
quiso localizarlo, dignificarlo, devolverle el efímero esplendor que un día
tuvo. Y lo consiguió. Fue reflotado y ahora tiene un museo.